lunes, 12 de enero de 2015

Guía para visitar la isla de Madeira, en Portugal

Tranquilidad, naturaleza en estado salvaje, temperaturas cálidas y la proximidad a la Península Ibérica son las principales claves para visitar la isla portuguesa de Madeira.


Ponta do Sol, Madeira. Foto: XinuXano

El archipiélago de Madeira está formado por dos islas habitadas, Madeira y Porto Santo, además de otras tres islas menores no habitadas, llamadas colectivamente Islas Desertas. Todas ellas, junto con el archipiélago de las Islas Salvajes, forman la Região Autónoma da Madeira, región autónoma portuguesa.

Muy próxima a la isla de Tenerife (sólo 400 kilómetros), la isla de Madeira, de origen volcánico, no sólo ofrece un clima realmente agradable durante todo el año y una flora y fauna endémica extraordinaria; además constituye uno de los destinos turísticos más seguros del mundo, gracias a su escasísimo índice de criminalidad.

Porto Moniz, en Madeira. Foto: Wouter Hagens

Con una superficie de 57 kilómetros de longitud de largo y un ancho máximo de 22 kilómetros, Madeira centra principalmente su economía en el sector turístico, seguido de la agricultura, donde destaca de forma especial el cultivo de la vid, de donde se obtiene el conocidísimo Vino de Madeira. Otros productos habituales de la isla son los plátanos, las flores exóticas, frutas subtropicales y tropicales, la caña de azúcar y el café.

La escasez de playas en la isla de Madeira se compensa con los más de ocho kilómetros de ribera de arena blanca que posee la isla vecina de Porto Santo, a sólo dos horas en ferry.

Mucho que ver en Madeira


En la zona sur de la isla, y a pocos kilómetros de su capital, Funchal, se halla Camara do Lobos, una pintoresca y bella aldea de pescadores situada en una hermosa bahía bordeada por viñedos y plataneros.

La ciudad de Funchal se eleva sobre una bonita ensenada cuyas casa “cuelgan” de las colinas. Su casco antiguo está surcado por calles empedradas plagadas de tiendas y antiguas tabernas.

Jardín Tropical de Funchal, Madeira. Foto: Guenter Wieschendahl

Madeira posee numerosos e impresionantes miradores, y el de Cabo Girao, cercano a Câmara do Lobos, está considerado como uno de los más altos del mundo. Desde él se pueden contemplar los acantilados de la Ponta Sao Lorenzo, e incluso los islotes de Salvagens y Desertas, donde abundan los lobos marinos y numerosas aves.

Continuando el viaje por la meseta central el paisaje se va modificando, y desde lo alto de los profundos barrancos se pueden descubrir grandes explanadas donde, alrededor de plazas ajardinadas y pequeñas iglesias, han ido surgiendo numerosos caseríos.

Más adelante se llega a los bosques que rodean las localidades de Cruzinhas do Faial y Curral das Freiras, desde donde parten escondidos senderos que invitan a pasear entre los pinos y las laurisilvas, acompañados por el murmullo de riachuelos y cascadas.
Ya en el norte de la isla se halla la localidad de Santana, con sus características casas de madera roja y blanca con techo de paja. El trayecto en coche desde Santana a Porto Moniz transcurre por una carretera que bordea el acantilado y que permite disfrutar del increíble paisaje, con cascadas que bajan directamente desde las cumbres hasta el mar.

Câmara de Lobos, Madeira. Foto: Markus Bernet

Y, lo mejor todo, la tranquilidad que envuelve el recorrido, lo que hace de Madeira un lugar ideal para evadirse y descansar.

Datos para el viaje a Madeira


- Cómo llegar: la mejor forma de viajar a Madeira es en avión, y desde Madrid el vuelo dura dos horas escasas. También se puede realizar el viaje en barco, ya que existe una línea de ferrys, operada por la empresa canaria Naviera Armas, entre las Islas Canarias (Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote) y Portimao, en el Algarve portugués, con escala en Funchal.
- Dónde alojarse: la oferta de alojamiento de Madeira incluye cerca de 200 hoteles, para todos los bolsillos y gustos.
- Qué comer: el pescado, el arroz con mariscos, los pinchos a base de carne y los vinos son la mejor elección.
- Cómo recorrer la isla: la mejor opción es alquilar un vehículo para poder visitar todos los pueblecitos.
- Qué visitar: en Funchal es obligatorio visitar el Jardín Botánico, además de los museos Municipal, de Quinta das Cruzes y el del Vino. También es muy recomendable dar una vuelta por el Mercado de los Labradores, famoso porque las mujeres van vendiendo flores vestidas con trajes típicos y porque allí se encuentra un yate que perteneció a los Beatles y ahora es un bar flotante situado en el muelle.
- Qué comprar: por supuesto objetos de mimbre y los bordados y calados portugueses, famosos en todo el mundo. El mejor mimbre se halla en el pueblo de Camacha y los bordados y calados destacan en Camara do Lobo. Finalmente, no se debe abandonar la isla sin adquirir vino de Madeira, a la venta en cualquier bodega de Funchal.


 

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